El parque

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En Villa La Palladiana, la naturaleza se une a la arquitectura.

Un lugar donde la naturaleza y la historia se entrelazan, creando rincones de paz, paisajes encantadores y atmósferas atemporales.

El parque de Villa La Palladiana ya aparece documentado en un documento del 20 de julio de 1582, que certifica su propiedad por parte de Zaccaria, sus hermanos y Pietro Contarini dagli Scrigni, junto con la casa dominical y el huerto. Un mapa de 1838 ofrece una representación detallada de la propiedad, mientras que el Catastro Austriaco de 1845/46 señala el parque como terreno agrícola. La parte noroeste del parque, ya en aquella época, albergaba un viñedo, testimonio de una mayor valorización del territorio circundante.

El parque, dividido en tres áreas principales, ofrece un recorrido por una rica biodiversidad que combina belleza natural y valor botánico.

Entre las plantas más significativas encontramos Quercus rubra (roble rojo americano), Carpinus betulus (carpe blanco), Fagus sylvatica pendula (haya llorona) y el raro Ginkgo biloba, además de ejemplares de Magnolia grandiflora (Magnolia grandiflora), Liriodendron tulipifera (tulípero de Virginia, árbol de los tulipanes o, simplemente, tulípero) y Acer palmatum (arce palmado japonés). El huerto alberga árboles frutales como Punica granatum (granado) y Ficus carica (higuera), mientras que un amplio espacio verde completa la armonía natural del parque.

11.000

de superficie del parque

El perfil artístico del parque se refleja en la armonía de los cánones arquitectónicos palladianos de la villa, objeto de una profunda restauración conservadora, y en el color dominante de las copas de los árboles y del césped rústico, el verde, con tonos y matices que en otoño se tiñen de luces y reflejos.